Hoy me apetece mentirte, decirte que no te siento. Me apetece escribirte el relato que te prometí, sin perder ni una lágrima en ello. Hoy me apetece recordarte cerca de mí, escuchando tus promesas, y volverte a creer.
En tu mirada reconocí mi alma y te di la mano. Me llevaste confiada, dócil, hacia tu trampa.
Aquella ropa cubría todo un ritual para ti: ilusión, sueños, aromas, vida, timidez, pasión, sensualidad pura en estado mujer.
Quedamos en aquella estación de tren, donde me habías exigido. Me senté en la cafetería, mientras mis ojos buscaban verte. Tú nunca lo supiste, pero yo te vi cuando entraste y te sentaste cerca de mí. Temblabas, vacilabas en si mirarme o hablarme, querías besarme sin más, querías que siguiera creyendo que estabas seguro, querías hacerme tuya salvajemente; fue entonces cuando me enamore de ti. Quise seguir tu juego. Me llamaste, no lo cogí… Me levanté despacio, mostrándome bella, altiva, libre de cualquier realidad. Caminé por la estación, notando tus pasos detrás… paré, te acercaste a mí, me empujaste suavemente hacia la pared. Acariciaste mi cuello.
Apenas hablamos en el camino hacia tu casa. El fuego estaba encendido…
Recuerdo la música, la copa de vino, tus manos en mi cuerpo, tus besos, los olores, deseo.
Sentada en el suelo delante del fuego, sobre aquella manta de tacto suave, mis palabras te pedían: espera hoy no…, pero mi cuerpo suplicaba ser poseída.
Me besaste, mientras recorrías con tus dedos mi pelo, me susurrabas al oído no hoy no.
Me desnudaste sin apenas darme cuenta, te deseaba. Me acaricié para ti en silencio, mientras me mirabas… La puerta del éxtasis se abrió, aprendí a tocarte hasta que deseaste sin retorno mi cuerpo y mi alma, sin ver tus ojos me poseíste.
*En aquella estación alguien dejo una nota escrita en mi bolsillo, hoy al fin la leí. Angels (´)